Paola: la que siempre fue última

Historias · La que siempre fue última

Paola cuida a todos. ¿Y a Paola quién?

Historia real en esencia; nombre y detalles cambiados para proteger a quien la vivió.

Su vida, por fuera

Veintiséis años. Trabaja en una clínica, turno completo. Un hijo de cuatro que es su motor y su culpa: «casi no lo veo». En el trabajo es la buena onda, la que no se queja. En su casa, la que llega a seguir trabajando.

Su especialidad: guardarse todo. Sonreír en el turno, aguantar el comentario, decir «no pasa nada». Hasta que llega a casa y explota por una taza mal puesta — y luego llora a solas, con ese nudo en la garganta que ya es de planta. «Quiero hacer mil cosas y no hago ninguna. Y siempre, siempre, yo quedo al último.»

La sesión

Llegó pidiendo disculpas — por llegar cinco minutos tarde, por «quitarme el tiempo», por no saber por dónde empezar. Empezamos justo por ahí:

— ¿Te fijas que llevas tres disculpas y ni un minuto hablando de ti?
— Ay… perdón. — Y se rió, porque se cachó.
— ¿A quién más le pides tanto permiso para existir?
— …A todos, creo. En el trabajo, con mi mamá, hasta con mi hijo.
— ¿Y si hoy no pidieras permiso? ¿Qué dirías que llevas años tragándote?
— Que estoy cansada. Que también soy persona. Que quiero UN día en el que nadie me necesite. — El nudo de la garganta se asomó. — Pero decir eso me hace sentir mala madre.
— ¿Quién te enseñó que descansar era abandonar?

Y cuando pudo respirar otra vez, la pregunta que se quedó con ella:

— Si tu hijo te viera tratarte así… ¿qué estaría aprendiendo de cómo se quiere uno?

Lo que Paola respondió es suyo. Lo que tú responderías… ese es tu proceso.

Si te viste en ella, tu tema tiene página: autoestima y amor propio · hábitos que sí sostienes · estrés y vida acelerada.

Reconstruye tu paz. Enciende tu fuego.