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Hay un pendiente que llevas cargando semanas. No es el grande. No es el proyecto ni ese tema con tu papá. Es uno chiquito: contestar un mensaje, sacar una cita, pegar el botón del saco, devolver lo que te prestaron.

Tiempo real que toma: dos minutos. Tiempo que llevas cargándolo: un mes.

La renta que pagas sin darte cuenta

Cada vez que lo ves y lo brincas, pagas una renta. Chiquita, pero diaria. Se cobra en ese apretón de estómago cuando te acuerdas en la noche. En el “ahorita no” que ya dijiste cuarenta veces. En esa sensación de ir atrasado con tu propia vida, aunque no sepas bien en qué.

Lo curioso es que la tarea no pesa. Lo que pesa es traerla encima.

¿Por qué no lo haces, si es tan fácil?

Justo por eso: porque es tan chico que cabe donde sea. Y lo que cabe donde sea no tiene lugar en ninguna parte. Nadie agenda dos minutos.

Y a veces hay algo más abajo. Contestar ese mensaje abre una conversación que no quieres tener. Sacar la cita es aceptar que ya te toca. Devolver lo prestado te obliga a ver a alguien que evitas. El pendiente es chiquito; lo que trae colgando, no siempre.

Vale la pena saber cuál de los dos es el tuyo. Si nomás no tiene lugar, dale uno hoy. Si trae algo colgando, ya sabes qué es lo que de verdad estás pateando.

Hoy, uno

No te voy a pedir la lista. Las listas de pendientes chiquitos se hacen con mucho ánimo un domingo y se abandonan el lunes.

Uno. El primero que te vino a la cabeza cuando empezaste a leer esto, porque ya sabes cuál es. Hazlo hoy, antes de dormir.

Y luego quédate un momento con lo que sigue: esa aflojada en el pecho, ese espacio que se abre. Eso que sientes no es productividad. Es dejar de deberte.

¿Cuánta renta llevas pagada por algo que se desaloja en dos minutos?

En una sesión, esto suena así: no es “échale ganas”. Es sentarnos a ver qué trae colgando eso que llevas un mes brincando, porque la flojera no dura un mes; otra cosa sí. Si tus pendientes chiquitos ya hicieron montaña, en hábitos que sostienen trabajamos justo eso: no más fuerza de voluntad, mejor lugar para las cosas.

Reconstruye tu paz. Enciende tu fuego.