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Tienes un perfume que casi no usas. O una camisa que sigue con la etiqueta puesta. O unos platos que solo salen cuando viene visita. Los guardas para una ocasión especial que nunca termina de llegar.

Mientras tanto vives con lo de diario. La taza despostillada, la playera de siempre, el jabón que no huele a nada.

Lo que en realidad estás guardando

No es el perfume. Es el permiso.

Guardar lo bueno es una manera silenciosa de decirte que este día no alcanza. Que un martes cualquiera, con tu cara de martes cualquiera, no merece lo bonito. Que primero hay que ganárselo.

Nadie te lo enseñó con esas palabras. Se aprende viendo. En muchas casas lo bueno vivía en la vitrina, y la vitrina estaba cerrada.

La ocasión especial casi nunca avisa

Acuérdate de las veces que sí usaste lo bueno. Seguro fue por algo grande. Una boda, un cumpleaños, una cena que importaba. Y estuvo bien.

Pero la mayor parte de tu vida no pasa en esos días. Pasa en los martes. En los desayunos apurados, en las tardes de trabajo, en las noches de sopa y de series.

Si lo bueno solo sale en los días grandes, lo bueno casi no sale.

Qué puedes hacer hoy

Usa una cosa que estés guardando. Una sola, hoy.

El perfume, los platos, la libreta que no quieres estrenar, la toalla que se ve muy nueva. Sin motivo. Sin esperar visita.

Fíjate en lo que sientes al hacerlo. A veces incomoda un poco, como si estuvieras gastando algo que no te pertenece. Esa incomodidad es el dato. Te dice cuánto llevas racionándote.

Y cuando lo uses, no lo uses “para no desperdiciarlo”. Úsalo porque hoy estás aquí. Esa es toda la ocasión que se necesita.

Si quieres mirar de dónde viene ese racionamiento, aquí hablo de eso: autoestima y confianza.

¿Qué estás guardando para un día que nunca llega, y quién decidió que hoy no cuenta?

Reconstruye tu paz. Enciende tu fuego.